575 Aquella china malvada, que tanto la aborrecía, empezó a decir un día, porque falleció una hermana, que sin duda la cristiana le había echado brujería.
576 El indio la sacó al campo y la empezó a amenazar que le había de confesar si la brujería era cierta; o que la iba a castigar hasta que quedara muerta.
577 Llora la pobre afligida, pero el indio, en su rigor, le arrebató con juror al hijo de entre sus brazos, y del primer rebencazo la hizo crujir de dolor.
578 Que aquel salvaje tan cruel azotándola seguía; más y más se enfurecía cuanto mas la castigaba y la infeliz se atajaba los golpes como podía.
579 Que le gritó muy furioso "Confechando no querés;" la dió vuelta de un revés y, por colmar su amargura, a su tierna criatura se la desgolló a los pies.
580 "Es increible" me decía, "Que tanta fiereza esista; no habrá madre que resista; aquel salvaje inclemente cometió tranquilamente aquel crimen a mi vista."
581 Esos horrores tremendos no los inventa el cristiano: "Es bárbaro inhumano" -sollozando me lo dijo- "Me amarró luego las manos con las tripitas de mi hijo."
IX
582 de ella fueron los lamentos que en mi soledá escuché: en cuanto al punto llegué, quedé enterado de todo: al mirarla de aquel modo ni un instante tutubié.
583 Toda cubierta de sangre aquella infeliz cautiva, tenia dende abajo arriba las marcas de los lazazos: sus trapos echos pedazos mostraban la carne viva.