584 Alzó los ojos al cielo en sus lágrimas bañada; tenía las manos atadas; su tormento estaba claro; y me clavó una mirada como pidiéndome amparo.
585 Yo no sé lo que pasó en mi pecho en ese instante; estaba el indio arrognte con una cara feroz: para entendernos los dos la mirada fué bastante.
586 Pegó un brinco como gato y me ganó la distancia, aprovechó esa distancia como fiera cazadora: desató las boliadoras y aguardó con vigilancia.
587 Aunque yo iba de curioso y no por buscar contienda, al pingo le até la rienda, eché mano dende luego a éste que no yerra juego, y ya se armó la tremenda.
588 El peligro en que me hallaba al momento conocí; nos mantuvimos ansí, me miraba y lo miraba: yo al indio le desconfiaba, y él me descofiaba a mí.
589 Se debe ser precavido cuando el indio se agazape: en esa postura el tape vale por cuatro o por cinco; como el tigre es para el brinco y fácil que a uno lo atrape.
590 Peligro era atropellar y era peligro el juir, y más peligro seguir esperando de ese modo, pues otros podían venir y carniarme allí entre todos.
591 A juerza de precaución muchas veces he salvado, pues es un trance apurado es mortal cualquier descuido; si Cruz hubiera vivido no habría tenido cuidado.
592 Un hombre junto con otro en valor y en juerza crece; el temor desaparece; escapa de cualquier trampa; entre dos, no digo a un pampa, a la tribu, si se ofrece.
593 En tamaña incertidumbre, en trance tan apurado, no podía por de contado escarparme de otra suerte, sino dando al indio muerte o quedando alli estirado.