594 Y como el tiempo pasaba y aquel asunto me urgía, viendo que él no se movía me juí medio de soslayo como a agarrarle el caballo, a ver si se me venía.
595 Ansí jué, no aguardó más y me atropelló el salvaje; es preciso que se ataje quien con el indio pelee; el miedo de verse a pie aumentaba su coraje.
596 En la dentrada no más me largó un par de bolazos; uno me tocó en un brazo; si me da bien, me lo quiebra, pues las bolas son de piedra y vienen como balazo.
597 A la primer puñalada el pampa se hizo un ovillo; era el salvaje mas pillo que he visto en mis correrías, y, a más de las picardías, arisco para el cuchillo.
598 Las bolas las manejaba aquel bruto con destreza; las recogía con presteza y me las volvía a largar, haciéndomelas silbar arriba de la cabeza.
599 Aquel indio, como todos, era cauteloso… ¡Ahijuna! Ahí me valió la fortuna de que peliando se apotra me amenazaba con una y me largaba con otra.
600 Me sucedió una desgracia en aquel percance amargo; en momento que lo cargo y que él reculando va, me enredé en el chiripá y caí tirao largo a largo.
601 Ni pa enconmendarme a Dios tiempo el salvaje me dió; cuanto en el suelo me vió me saltó con ligereza: juntito de la cabeza el bolazo retumbó.
602 Ni por respeto al cuchillo dejó el indio de apretarme; allí pretende ultimarme sin dejarme levantar, y no me daba lugar ni siquiera a enderezarme.
603 De balde quiero moverme: aquel indio no me suelta. Como persona resuelta toda mi juerza ejecuto, pero abajo de aquel bruto no podía ni darme güelta.