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604 ¡Bendito, Dios poderoso, quien te puede comprender! Cuando a una débil mujer le diste en esa ocación la juerza que en un varón tal vez no pudiera haber.

605 Esa infeliz tan llorosa, viendo el peligro se anima; como una flecha se arrima y olvidando su aflición, le pegó al indio un tirón que me lo sacó de encima.

606 Ausilio tan generoso me libertó del apuro; si no es ella, de siguro que el indio me sacrifica; y mi valor se duplica con un ejemplo tan puro.

607 En cuanto me enderecé nos volvimos a topar, no se podía descansar y me chorriaba el sudor: en un apuro mayor jamás me he vuelto a encontrar.

608 Tampoco yo le daba alce como deben suponer; se había aumentao mi quehacer para impedir que el brutazo le pegar algún bolazo de rabia a aquella mujer.

609 La bola en manos del indio es terrible y muy ligera; hace de ella lo que quiera saltando como una cabra. Mudos, sin decir palabra, peliábamos comos fieras.

610 Aquel duelo en el desierto nunca jamás se me olvida; iba jugando la vida con tan terrible enemigo, teniendo allí de testigo a una mujer afligida.

611 Cuanto él más se enfurecía yo más me empiezo a calmar; mientras no logra matar el indio no se desfoga; al fin le corté una soga y lo empecé a aventajar.

612 Me hizo sonar las costillas de un bolazo aquel maldito; y al tiempo que le di un grito y le dentro como bala, pisa el indio, y se refala en el cuerpo del chiquito.