642 Es un peligro muy serio cruzar juyendo el desierto: muchísimos de hambre han muerto, pues en tal desasosiego no se puede ni hacer juego, para no ser descubierto.
643 Sólo el albitrio del hombre puede ayudarlo a salvar: no hay ausilio que esperar, sólo de Dios hay amparo; en el desierto es muy raro que uno se pueda escapar.
644 ¡Todo es cielo y horizonte en inmenso campo verde! ¡Pobre de aquel que se pierde o que su rumbo estravea! Si alguien cruzarlo desea, este consejo recuerde:
645 marque su rumbo de día con toda fidelidá; marche con puntualidá, sigiéndoló con fijeza, y, si duerme, la cabeza ponga para el lao que va.
646 Oserve con todo esmero adonde el sol aparece; si hay ñeblina y le entorpece y no lo puede oservar, guárdese de caminar, pues quien se pierde perece.
647 Dios le dió istintos sutiles a toditos los mortales; el hombre es uno de tales, y en las llanuras aquelas, lo guían el sol, las estrellas, el viento y los animales.
648 Para ocultarnos de día a la vista del salvaje, ganábamos un paraje en que algún abrigo hubiera, a esperar que anocheciera para seguir nuestro viaje.
649 Penurias de toda clase y miserias padecimos: varias veces no comimos o comimos carne cruda, y en otras, no tengan duda, con raices nos mantuvimos.
650 Después de mucho sufrir tan peligrosa inquietú, alcanzamos con salú a divisar una sierra, y al fin pisamos la tierra en donde crece el ombú.
651 Nueva pena sintió el pecho por Cruz, en aquel paraje, y en humilde vasallaje a la majestá infinita, besé esta tierra bendita, que ya no pisa el salvaje.