632 Jamás le sacude un golpe, porque lo trata al bagual con paciencia sin igual -al domarlo no le pega-, hasta que al fin se le entrega ya dócil el animal.
633 Y aunque yo sobre los bastos me sé sacudir el polvo, a esa costumbre me amoldo: con pacencia lo manejan y al día siguiente lo dejan rienda arriba junto al toldo.
634 Ansí todo el que procure tener un pingo modelo, lo ha de cuidar con desvelo y debe impedir también el que de golpes le den o tironeen en el suelo.
635 Muchos quieren dominarlo con el rigor y el azote, y, si ven al chafalote que tiene trazas de malo, lo embraman en algún palo hasta que se descogote.
636 Todos se vuelven pretestos y güeltas para ensillarlo; dicen que es por quebrantarlo, mas compriende cualquier bobo que es de miedo del corcovo, y no quieren confesarlo.
637 El animal yeguarizo -perdónenme esta alvertencia- es de mucha conocencia y tiene mucho sentido; es animal consentido: lo cautiva la pacencia.
538 Aventaja a los demás el que estas cosas entienda; es bueno que el hombre aprienda, pues hay pocos domadores y muchos frangoyadores que andan de bozal y, rienda.
639 Me vine, como les digo, trayendo esa compañera; marchamos la noche entera, haciendo nuestro camino, sin más rumbo que el destino que nos llevara ande quiera.
640 Al muerto, en un pajonal había tratao de enterrarlo, y después de maniobrarlo lo tapé bien con las pajas, para llevar de ventaja lo que emplearan en hallarlo.
641 En notando nuestra ausiencia nos habían de perseguir, y, al decidirme a venir, con todo mi corazón hice la resolución de peliar hasta morir.