Los personajes colocados en escena deberían hablar en su lenguaje peculiar y propio, con su originalidad, su gracia y sus defectos naturales, porque despojados de ese ropaje, lo serían igualmente de su carácter típico, que es lo único que los hace simpáticos, conservando la imitacion y la verosimilitud en el fondo y en la forma.
Entra tambien en esta parte la eleccion del prisma á traves del cual le es permitido á cada uno estudiar sus tiempos. Y aceptando esos defectos como un elemento, se idealiza tambien, se piensa, se inclina á los demás á que piensen igualmente, y se agrupan, se preparan y conservan pequeños monumentos de arte, para los que han de estudiarnos mañana y levantar el grande monumento de la historia de nuestra civilizacion.
El gaucho no conoce ni siquiera los elementos de su propio idioma, y sería una impropiedad cuando menos, y una falta de verdad muy censurable, que quien no ha abierto jamás un libro, siga las reglas de arte de Blair, Hermosilla ó la Academia.
El gaucho no aprende á cantar. Su único maestro es la espléndida naturaleza que en variados y majestuosos panoramas se extiende delante de sus ojos. Canta porque hay en él cierto impulso moral, algo de métrico, de rítmico que domina en su organizacion, y que lo lleva hasta el estraordinario estremo de que, todos sus refranes, sus dichos agudos, sus proverbios comunes son espresados en dos versos octosílabos perfectamente medidos, acentuados con inflexible regularidad, llenos de armonía, de sentimiento y de profunda intencion.
Eso mismo hace muy dificil, sinó de todo punto imposible, distinguir y separar cuales son los pensamientos originales del autor, y cuales los que son recojidos de las fuentes populares.
No tengo noticia que exista ni que haya existido una raza de hombres aproximados á la naturaleza, cuya sabiduria proverbial llene todas las condiciones rítmicas de nuestros proverbios gauchos.
Qué singular es, y qué digno de observacion, el oir á nuestros paisanos mas incultos, espresar en dos versos claros y sencillos, máximas y pensamientos morales que las naciones mas antiguas, la India y la Persia, conservaban como el tesoro inestimable de su sabiduria proverbial; que los griegos escuchaban con veneracion de boca de sus sabios mas profundos, de Sócrates, fundador de la moral, de Platon y de Aristóteles; que entre los latinos difundió gloriosamente el afamado Seneca; que los hombres del Norte les dieron lugar preferente en su robusta y enérgica literatura; que la civilizacion moderna repite por medio de sus moralistas mas esclarecidos, y que se hallan consagrados fundamentalmente en los códigos religiosos de todos los grandes reformadores de la humanidad.
Indudablemente, que hay cierta semejanza íntima, cierta identidad misteriosa entre todas las razas del globo que solo estudian en el gran libro de la naturaleza; pues que de él deducen, y vienen deduciendo desde hace mas de tres mil años, la misma enseñanza, las mismas virtudes naturales, expresadas en prosa por todos los hombres del globo, y en versos por los gauchos que habitan las vastas y fértiles comarcas que se estienden á las dos márgenes del Plata.
El corazon humano y la moral son los mismos en todos los siglos.
Las civilizaciones difieren esencialmente. "Jamás se hará, dice el doctor Don V. F. Lopez en su prólogo á LAS NEUROSIS, un profesor ó un catedrático Europeo, de un Bracma"; así debe ser: pero no ofreceria la misma dificultad el hacer de un gaucho un Bracma lleno de sabiduria; si es que los Bracmas hacen consistir toda su ciencia en su sabiduria proverbial, segun los pinta el sabio conservador de la Biblioteca Nacional de París, en "La sabiduria popular de todas las naciones" que difundió en el nuevo mundo el americano Pazos Kanki.