725 El Juez vino sin tardanza cuanto falleció la vieja. "De los bienes que te deja", me dijo, "Yo he de cuidar: es un rodeo regular y dos majadas de ovejas".

726 Era hombre de mucha labia, con mas leyes que un dotor, me dijo: "Vos sos menor, y por los años que tienes no podés manejar bienes; voy a nombrarte un tutor."

727 Tomó un recuento de todo, porque entendía su papel, y después que aquel pastel lo tuvo bien amasao, puso al frente un encargao, y a mí me llevó con él.

728 Muy pronto estuvo mi poncho lo mismo que cernidor; el chiripá estaba pior, y aunque para el frio soy guapo ya no me quedaba un trapo ni pa el frío, ni pa el calor.

729 En tan triste desabrigo tras de un mes, iba otro mes; guardaba silencio el Juez, la miseria me invadía, me acordaba de mi tía al verme en tal desnudez.

730 No se decir con fijeza el tiempo que pasé allí; y despues de andar ansí como moro sin señor, pasé a poder del tutor que debia cuidar de mí.

XIV

731 me llevó consigo un viejo que pronto mostró la hilacha, dejaba ver por la facha que era medio cimarrón, muy renegao, muy ladrón, y le llamaban Vizcacha.

732 Lo que el Juez iba buscando sospecho, y no me equivoco; pero este punto no toco ni su secreto aviriguo; mi tutor era un antiguo de los que ya quedan pocos;

733 viejo lleno de camándulas, con un empaque a lo toro, andaba siempre en un moro metido no sé en qué enriedos, con las patas como loro de estribar entre los dedos.