811 Yo estaba medio azorao de ver lo que sucedía; entre ellos mesmos decían que unas prendas eran suyas, pero a mi me parecía que estas eran aleluyas.

812 Y cuando ya no tuvieron rincón donde registrar, cansaos de tanto huroniar y de trabajar en balde, "Vámosnos", dijo el alcalde, "Luego lo haré sepultar."

813 Y aunque mi padre no era el dueño de ese hormiguero, el, allí muy cariñero, me dijo con muy buen modo: "Vos serás heredero y te harás cargo de todo."

814 "Se ha de arreglar este asunto como es preciso que sea; voy a nombrar albacea uno de los circustantes; las cosas no son como antes tan enredadas y feas."

815 "¡Bendito Dios!", pensé yo, "Ando como un pordiosero, y me nuembran heredero de toditas estas guascas. ¡Quisiera saber primero lo que se han hecho mis vacas!"

XVIII

816 Se largaron, como he dicho, a disponer el entierro; cuando me acuerdo me aterro: me puse a llorar a gritos al verme allí tan solito con el finao y los perros.

817 Me saqué el escapulario, se lo colgué al pecador, y como hay en el Señor misericordia infinita, rogué por la alma bendita del que antes jué mi tutor.

818 No se calmaba mi duelo de verme tan solitario; ahí le champurrié un rosario como si juera mi padre, besando el escapulario que me había puesto mi madre.

819 "Madre mía", gritaba yo, "¿dónde estarás padeciendo? El llanto que estoy virtiendo lo redamarías por mí, si vieras a tu hijo aquí todo lo que esta sufriendo."