849 Y me dijo estas palabras que nunca las he olvidao: "Has de saber que el finao ordenó en su testamento que naides de casamiento le hablara en lo sucesivo; y ella prestó el juramento mientras él estaba vivo."

850 "Y es preciso que lo cumpla, porque ansí lo manda Dios; es necesario que vos no la vuelvas a buscar, porque si llega a faltar se condenarán los dos."

851 Con semejante alvertencia se completó mi redota; le vi los pies a la sota, y me le alejé a la viuda, mas curao que con la ruda, con los grillos y las motas.

852 Despues me contó un amigo que al Juez le había dicho el cura que yo era un cabeza dura y que era un mozo perdido; que me echaran del partido, que no tenía compostura.

853 Tal vez por ese consejo y sin que mas causa hubiera, ni que otro motivo diera, me agarraron redepente y en el primer contingente me echaron a la frontera.

854 De andar persiguiendo viudas me he curao el deseo; en mil penurias me veo, mas pienso volver tal vez a ver si sabe aquel Juez lo que se ha hecho de mi rodeo.

XX

855 Martín Fierro y sus dos hijos, entre tanta concurrencia, siguieron con alegría celebrando aquella fiesta. Diez años, los más terribles, había durado la ausencia, y al hallarse nuevamente era su alegría completa. En ese mesmo momento uno que vino de ajuera, a tomar parte con ellos suplicó aue lo almitieran. Era un mozo forastero de muy regular presencia, y hacía poco que en le pago andaba dando sus güeltas. Asiguran algunos que venía de la frontera; que había pelao a un pulpero en las últimas carreras; pero andaba despilcho, no traia una prenda güena: un recadito cantor daba fe de sus pobrezas. Le pidió la bendición al que causaba la fiesta y, sin decirles su nombre, les declaró con franqueza que el nombre de Picardía es el único que lleva. Y para contar su historia a todos pide licencia, diciéndoles que en seguida iban a saber quien era. Tomo al punto la guitarra, la gente se puso atenta, y ansí cantó Picardía en cuanto templó las cuerdas:

PICARDÍA

XXI