866 Con aquella parentela, para mí desconocida, me acomodé ya en seguida, y eran muy buenas señoras; pero las más rezadoras que he visto en toda mi vida.
867 Con el toque de oración ya principiaba el rosario; noche a noche un calendario tenían ellas que decir, y a rezar solían venir muchas de aquel vecindario.
868 Lo que allí me aconteció siempre lo he de recordar, pues me empiezo a equivocar y a cada paso refalo, como si me entrara el Malo cuanto me hincaba a rezar.
869 Era como tentación lo que yo esperimenté, y jamas olvidaré cuanto tuve que sufrir, porque no podia decir "Artículos de la fe".
870 Tenía al lao una mulata que era nativa de allí; se hincaba cerca de mí como el ángel de la guarda; ¡pícara!, Y era la parda la que me tentaba ansí.
871 "Rezá", me dijo mi tía, "Artículos de la fe". Quise hablar y me atoré; la dificultá me aflige; miré a la parda, y ya dije: "Artículos de Santa fé".
872 Me acomodó el coscorrón que estaba viendo venir, yo me quise corregir, a la mulata miré y otra vez volví a decir: "Artículos de Santa fé".
873 Sin dificultá ninguna rezaba todito el día, y a la noche no podía ni con un trabajo inmenso; es por eso que yo pienso que alguno me tentaría.
874 Una noche de tormenta vi a la parda y me entró chucho; los ojos -me asusté mucho- eran como refocilo: al nombrar a San Camilo, le dije San Camilucho.
875 Esta me da con el pie, aquella otra con el codo: ¡ah, viejas, por ese modo, aunque de corazón tierno, yo las mandaba al infierno con oraciones y todo!