1139 A hombre de humilde color nunca sé facilitar; cuando se llega a enojar suele ser de mala entraña: se vuelve como la araña, siempre dispuesta a picar.
1140 Yo he conocido a toditos los negros mas peliadores; había algunos superiores de cuerpo y de vista…¡Ahijuna! si vivo, les daré una… historia de las mejores.
1141 Mas cada uno ha de tirar en el yugo en que se vea; yo ya no busco peleas, las contiendas no me gustan, pero ni sombras me asustan ni bultos que se menean.
1142 La creia ya desollada, mas todavía falta el rabo, y por lo visto no acabo de salir de esta jarana; pues esto es lo que se llama remacharsele a uno el clavo.
XXXI
1143 Y después de estas palabras que ya la intención revelan, procurando los presentes que no se armara pendencia, se pusieron de por medio y la cosa quedó quieta. Martín Fierro y los muchachos, evitando la contienda, montaron y paso a paso, como el que miedo no lleva, a la costa de un arroyo llegaron a echar pie a tierra. Desensillaron los pingos y se sentaron en rueda, refiriéndose entre sí infinitas menudencias porque tiene muchos cuentos y muchos hijos la ausiencia. Allí pasaron la noche a la luz de las estrellas, porque ese es un cortinao que lo halla uno donde quiera, y el gaucho sabe arreglarse como ninguno se arregla: el colchón son las caronas, el lomillo es cabecera, el cojinillo es blandura y con el poncho o la jerga; para salvar del rocío, se cubre hasta la cabeza. Tiene su cuchillo al lado -pues la precaución es güena-, freno y rebenque a la mano, y, teniendo el pingo cerca, que pa asigurarlo bien la argolla del lazo entierra -aunque el atar con el lazo da del hombre mala idea-, se duerme ansí muy tranquilo todita la noche entera; y si es lejos del camino, como manda la prudencia, mas siguro que en su rancho uno ronca a pierna suelta pues en el suelo no hay chinche y es una cuja camera que no ocasiona disputas y que naides se la niega. Ademas de eso, una noche la pasa uno como quiera, y las va pasando todas haciendo la mesma cuenta; y luego los pajaritos al aclarar lo dispiertan, porque el sueño no lo agarra a quien sin cenar se acuesta. Ansí, pues, aquella noche jué para ellos una fiesta, pues todo parece alegre cuando el corazón se alegra. No pudiendo vivir juntos por su estado de pobreza, resolvieron separarse y que cada cual se juera a procurarse un refugio que aliviara su miseria. Y antes de desparramarse para empezar vida nueva, en aquella soledá Martín Fierro, con prudencia, a sus hijos y al de Cruz les habló de esta manera:
XXXII
1144 -Un padre que da consejos más que padre es un amigo; ansi como tal les digo que vivan con precaución: naides sabe en que rincón se oculta el que es su enemigo.
1145 Yo nunca tuve otra escuela que una vida desgraciada: no estrañen si en la jugada alguna vez me equivoco, pues debe saber muy poco aquel que no aprendió nada.
1146 Hay hombres que de su cencia tienen la cabeza llena; hay sabios de todas menas, mas digo, sin ser muy ducho: es mejor que aprender mucho el aprender cosas gúenas.