1167 El hombre no mate al hombre ni pelé por fantasía; tiene en la desgracia mía un espejo en que mirarse; saber el hombre guardarse es la gran sabiduría.

1168 La sangre que se redama no se olvida hasta la muerte; la impresión es de tal suerte, que, a mi pesar, no lo niego, cai como gotas de juego en la alma dei que la vierte.

1169 Es siempre, en toda ocasión, el trago el pior enemigo; con cariño se los digo, recuérdenlo con cuidado: aquel que ofiende embriagado merece doble castigo.

1170 Si se arma algun revolutis, siempre han de ser los primeros, no se muestren altaneros, aungue la razón les sobre: en la barba de los pobres aprienden pa ser barberos.

1171 Si entriegan su corazón a alguna mujer querida, no le hagan una partida que la ofienda a la mujer: siempre los ha de perder una mujer ofendida.

1172 Procuren, si son cantores, el cantar con sentimiento, ni tiemplen el estrumento por sólo el gusto de hablar, y acostúmbrense a cantar en cosas de jundamento.

1173 Y les doy estos consejos que me ha costado alquirirlos, porque deseo dirigirlos; pero no alcanza mi cencia hasta darles la prudencia que precisan pa seguirlos.

1174 Estas cosas y otras muchas medité en mis soledades; sepan que no hay falsedades ni error en estos consejos: es de la boca del viejo de ande salen las verdades.

XXXIII

1175 Después a los cuatro vientos los cuatro se dirigieron; una promesa se hicieron que todos debían cumplir; mas no la puedo decir pues secreto prometieron.