Porque existe,—podemos creerlo,—una conciencia moral de la humanidad que da su sanción. Tarda a veces, cuando la disputan los contemporáneos; pero llega siempre, y acrecentada por la perspectiva del tiempo, cuando la discierne la posteridad.
LA ÉTICA SOCIAL
1. Integración del pensamiento emersoniano.—2. La autonomía de la experiencia moral.—3. Idealismo y perfectibilidad.—4. El dogmatismo teológico excluye la perfectibilidad.—5. Valor social de la herejía.—6. Las morales independientes.—7. Insuficiencia de los dogmas racionales.—8. La ética social en las iglesias norteamericanas.—9. Su influencia sobre las iglesias inmigradas.—10. Ciencias morales sin dogmatismos.—11. El solidarismo.
1.—Integración del Pensamiento Emersoniano
Renovarse o morir, dijeron los renacentistas en el siglo XVI; renovarse o morir, ha repetido el siglo XIX. No dudéis que en el siglo nuestro y en los venideros será ésa, y ninguna otra, la fórmula, de los hombres y de las naciones que aspiran a tener un porvenir mejor que su pasado. La juventud es, por definición, capacidad renovadora; la virilidad misma sólo se mide por la aptitud de renovarse parcialmente dentro de las orientaciones ya adquiridas. Cuando ella se apaga, cuando se miran con temor las ideas y los métodos que son piedras miliares en el sendero del porvenir, podemos asegurar que un hombre o una nación comienzan a envejecer; y si el temor se convierte en odio sordo, en suspicacia hostil, es un signo inequívoco de irreparable decrepitud.
Sabemos muy bien, pues lo enseña la experiencia de siglos, que los grandes renovadores nunca han visto realizarse íntegramente sus ensueños; es destino común de todos los futuristas ver que la realidad reduce a términos exiguos sus ideales, como si la sociedad sólo pudiera beber muy aguada la pura esencia con que ellos embriagan su imaginación. Pero no es menos cierto que en las reclamaciones exageradas de los ilusos y utopistas están contenidas las pequeñas variaciones éticas y sociales que, en su conjunto, constituyen el progreso efectivo. ¡Alabados sean todos los hombres que equivocándose como ciento auguran a sus semejantes un beneficio igual a uno! ¡Alabados sean todos los que arrojan semillas a puñados, generosamente, sin preguntarse cuántas de ellas se perderán y sólo pensando en que la más exigua puede ser fecunda! Para el perfeccionamiento moral de la humanidad son inútiles los que se ajustan escrupulosamente a los resultados de la experiencia pasada, sin arriesgarse a tentar nuevas experiencias; son los innovadores los únicos que sirven, descubriendo un astro o encendiendo una chispa. Y si bien es personalmente más cómodo no equivocarse nunca a errar muchas veces, para la humanidad son más provechosos los hombres que, en su afán de renovarse, para acertar una vez, aceptan los inconvenientes de equivocarse muchas.