En primer lugar vemos algunos sujetos en quienes la simulación se intensifica por efecto del medio social mismo, obedeciendo al principio general que la determina: la utilidad en la lucha por la vida; son los simuladores del tipo mesológico, cuyo carácter es esencialmente utilitario. En otro grupo encontramos a los que simulan por tendencia natural, fruto de misteriosa predisposición hereditaria; los llamaremos simuladores congénitos. Por fin, en otros casos, encontramos simuladores característicos cuyo carácter se organiza sobre un terreno mórbido, constituyendo el grupo de los simuladores patológicos.

Entre los primeros pueden distinguirse dos variedades principales: el astuto y el servil; entre los segundos, el fisgón y el refractario; entre los últimos, el psicópata y el sugestionado.

Veamos las modalidades psicológicas de cada uno de estos complejos caracteres, nacidos sobre el tronco común de los fraudulentos; los pondremos en mayor relieve recordando casos típicos ilustrativos. Se sobreentiende que los tipos esbozados serán característicos, es decir, sujetos cuya tendencia a la simulación es acentuada. Además, los caracteres humanos suelen ser complejos; veremos cuáles combinaciones favorecen más la simulación.

Digamos dos palabras sobre los artistas dramáticos en sus relaciones con el tema que estudiamos. Podría considerárseles como simuladores profesionales, y, por ende, conferirles un sitio en el estudio de la psicología de los simuladores. Pero en realidad, no hay simulación en este caso; por un acuerdo previo entre el artista y su público, está suprimido el objetivo de provocar una confusión entre el simulador y el personaje cuyos caracteres el artista finge. Esta simulación es convencional y sólo tiene finalidades estéticas, ajenas a todo engaño utilitario. Esta forma profesional es educable; la carrera artística es un perfeccionamiento educativo de la aptitud para simular. No olvidemos, sin embargo, que en los artistas dramáticos es frecuente la autosugestión del personaje; pero ésta es una deficiencia en arte verdadero, pues el ideal del intérprete es conservar la autocrítica de su rol, midiendo su palabra, su gesto y su emotividad. La autosugestión facilita el desempeño de un papel y transmite más intensamente al público la emoción del personaje interpretado; pero también expone a yerros graves, por la pérdida del contralor propio en el momento en que más se lo necesita.

Excluidos, pues, estos simuladores profesionales, entremos al análisis de los grupos señalados.

VII.—LOS SIMULADORES POR ADAPTACIÓN AL MEDIO

Llamamos simuladores mesológicos a aquéllos cuya aptitud para simular en la lucha por la vida es determinada o acentuada por las influencias del medio sobre el individuo.

Son los más numerosos y su simulación es siempre utilitaria. En la imposibilidad de vivir inadaptados a su medio social, prerrogativa reservada a pocos caracteres superiores, consiguen vencer las resistencias que se oponen a la afirmación de su personalidad simulando las cualidades útiles y disimulando las perniciosas.