Los simuladores de este grupo son exponentes del ambiente social. Para no ser vencidos en la lucha por la vida, los individuos pueden simular y disimular los sentimientos[6] de amor y de odio, de respeto y de repugnancia, de cortesía y de indignación; suelen reducirse a una hábil simulación y disimulación de los sentimientos.

Entre estos simuladores utilitarios, que se enmascaran para adaptarse más provechosamente al medio en que viven, señalaremos dos grupos bien caracterizados: los astutos y los serviles.


1.º. El simulador astuto sabe adaptarse hábilmente; es la encarnación del "vividor", en la acepción más corriente del vocablo.

Todos los hombres dotados de alguna astucia suelen simular; pudiendo ser alguna vez el fraude condición de éxito en la lucha por la vida, fuera ineptitud desdeñarlo sistemáticamente. En su canto XI del Infierno, donde contempla a los violentos, los fraudulentos y los traidores, escalonados en tres círculos, Dante puede exclamar sin exageración:

La frode and'ogni coscienza é morsa,

porque todos, poco o mucho, tienen sobre la conciencia algún pecadillo fraudulento.

Pero sólo en pocos individuos la simulación astuta asume proporciones predominantes, constituyendo el tono principal del carácter. La personalidad de estos sujetos se afirma en terreno moralmente resbaladizo. Dado el propósito utilitario de la simulación, llegan a las zonas linderas de la delincuencia, engendrando un tipo mixto de "simulador-delincuente".

Analizando la psicología del astuto, Ferriani dice que sólo puede concebirse una astucia honesta: la usada para defenderse de las simulaciones ajenas o para impedir que los astutos deshonestos realicen actos perjudiciales a los demás. Es la astucia defensiva contra la astucia ofensiva.