Los animales asociados con el hombre, adaptados a la domesticidad, simulan con frecuencia estados patológicos. Poseímos un perrito muy inteligente que recurría con frecuencia a la astucia. Enfermó en cierta ocasión y le regalamos de golosinas; curado de su pasajera dolencia, dos meses más tarde, viendo un plato con dulce de leche, el astuto animal simuló estar enfermo; echóse en un rincón llorando enternecedoramente. Nadie sospechaba el motivo de su repentina enfermedad; el dulce fué comido sin darle participación alguna. Pocos momentos después el animal curó de su fingida dolencia, resignándose, apresuradamente, a lamer los platos pringosos de dulce.
Entre los hombres de campo los hay muy hábiles para reconocer las enfermedades simuladas por los animales. Todos hemos visto caballos que se fingen enfermos antes de ser atados; después de estarlo desisten de su simulación, trabajando sin inconvenientes.
Es harto conocido el ejemplo del pato que arrastra el ala al volar, simulando estar herido, con el propósito de defender su nido mediante esa estratagema. Al estudiar las simulaciones en el mundo biológico, hemos recordado que muchos insectos, viéndose amenazados, fingen estar muertos. Cuando niños, todos pasamos emocionantes momentos contemplando las luchas entre el gato y el ratón; este último suele simular estar mal herido o moribundo para intentar la fuga en momento inesperado. Recorriendo los libros de Romanes, Wallace, Cuénot y otros, podría coleccionarse una larga serie de ejemplos de simulación de enfermedades en los animales.
En los hombres son frecuentísimas; en todos los idiomas y dialectos existen modismos o vocablos especiales para expresarlas. En la jerga popular mil frases lo revelan, y algunas de ellas están generalizadas entre las personas cultas.
No se crea que el fenómeno es moderno. Basta abrir el Génesis para encontrar a Raquel simulando estar indispuesta para no levantarse de la cama donde tiene escondidos ciertos ídolos robados; en otra parte, en el Libro de los Reyes, encontramos a David simulando haber perdido la razón para sustraerse a las iras de Saúl; y en otro pasaje de ese libro pornográfico que se llama la Santa Biblia, Amnón, hijo de David, simula estar enfermo para guardar cama y desahogar su amor incestuoso con su propia hermana Tamar.
Es seguro que antes de los tiempos a que la Biblia se refiere existían enfermedades simuladas. Como observa Tomellini, el hombre debió concebir esta forma de simulación al observar por vez primera que ante el quejumbroso ¡ay! del enfermo sus semejantes le rodeaban de atenciones cuidadosas, eximiéndole de ciertos deberes fundamentales que la lucha por la vida impone. Sin engolfarnos en el análisis de las formas que debió revestir este fenómeno a través de la historia, limitémonos a decir que donde hay asociación en la lucha y sentimientos de solidaridad social, algunos sujetos astutos simulan estar enfermos para explotar esos sentimientos.
En un epigrama de Marcial encontramos la historia picaresca de Celio, que simulaba estar enfermo de gota para no cumplir ciertas obligaciones de la vida cortesana; pero con tan mala suerte que a fuerza de fingir la enfermedad acabó por contraerla de veras. Apiano cuenta de un tal que para esquivar persecuciones se fingía ciego, no sospechando que al quitarse el emplasto se encontraría realmente privado de la vista; y Plinio, para probar la fuerza de la imaginación, refiere de un sujeto que soñó estar ciego y despertó privado de la vista. No son raros los hechos de este género; Montaigne, en sus ensayos (Libro II, Cap. XXV), aconsejó "de ne contrefaire le malade", por ser peligroso para el simulador.
Es seguro que en ciertas épocas de mayor relajación moral se ha difundido extraordinariamente la costumbre de simular enfermedades. Casos hay de ella en la mitología y Ulises se valió muchas veces de este recurso para salir de aprietos. En la edad media esta clase de superchería llegó a ser epidémica; bástenos recordar la famosa "Cour des Miracles", donde se reunían todos los mendigos, pícaros y trapizondistas del viejo París. La novela picaresca española es una verdadera enciclopedia de simulaciones y difícil es encontrar un sólo relato en que no aparezca un falso mendigo que simule enfermedades para explotar la credulidad del prójimo.
Son muchísimos, sin duda, los acontecimientos históricos de importancia en que la simulación por parte de altos personajes juega un papel principal; Boisseau indica varios; otros son recordados en el diccionario de medicina de Dechambre y algunos en los demás autores. Pero no es nuestra tarea repetir sus datos ni investigar otros nuevos; Ésa es obra paciente de cronistas.
Sólo agregaremos que la disimulación de las enfermedades responde siempre al propósito general de todas las simulaciones: el fin es adaptarse en el sentido de las menores resistencias. La simulación de la enfermedad es, precisamente, una disimulación de la salud, y viceversa. Simúlase la enfermedad cuando ella ofrece ventaja sobre la salud; se simula ésta cuando la enfermedad coloca al sujeto en condiciones desfavorables que conviene ocultar.