Esa evolución se caracteriza por fenómenos paralelos, producidos en la mente humana y en la organización social. Psíquicamente, tenemos el desarrollo progresivo de los sentimientos llamados altruístas, que en la evolución mental de la humanidad tiende a extender la solidaridad del individuo a la familia, de ésta a la tribu, de ésta a la raza o a la nación, y de ésta a la humanidad. Sociológicamente, se caracteriza por la formación de instituciones que, en su conjunto, constituyen la beneficencia, evolucionando de formas primitivamente utilitarias, (beneficencia positiva) hacia formas cuyo utilitarismo es cada vez más indirecto, (beneficencia negativa); ambas bien estudiadas por Spencer. Estas instituciones sociales resultan de la evolución mental indicada.

La evolución altruísta de los sentimientos humanos se inicia en presencia del dolor ajeno. El débil y el inferior han podido ser objeto de desprecio; no lo fué nunca el enfermo. El hombre, que busca rehuir el dolor y encontrar el placer (nosotros diríamos que trata de seguir su evolución por el camino de las menores resistencias), debe, necesariamente, conmoverse ante el dolor de sus semejantes. En el salvaje y en el niño ya se encuentra ese fundamental sentimiento de piedad, inherente al hombre considerado como animal sociable; cuando falta, lo mismo que el sentimiento de probidad, el hombre es un ser antisocial, es decir, un delincuente. Confirma nuestras ideas la clásica definición de Garófalo.

Considerado el hombre como unidad social, en lucha contra sus propios semejantes, su locus minoris resistentiae para los enemigos debe ser siempre el sentimiento de piedad, punto de arranque del altruísmo; las instituciones de beneficencia son su expresión social. Por esto, dentro de nuestro concepto funcional de la simulación, debemos encontrar aquí una forma especial perfectamente adaptada a ese lado vulnerable; la simulación explota el sentimiento de solidaridad social, en su forma de piedad por el dolor, y determina la simulación de estados patológicos.

No discutiremos las desventajas que el incremento de la solidaridad social puede tener para la selección humana; mientras multitudes laboriosas y fecundas carecen de lo necesario, duele ver que los manicomios, las cárceles y los asilos entretienen la cómoda holgazanería de seres improductivos, cuando no perjudiciales. Es el eterno problema de la lucha contra el parasitismo social de los degenerados, frente al de la justa protección a las clases trabajadoras; un cultor de la frase podría decir que se degenera a las masas mediante la miseria, para darse luego el lujo de mantenerlas en ocioso parasitismo. Sergi, en "Las degeneraciones humanas", ha dedicado un bello capítulo al estudio de la supervivencia de los débiles y de los inferiores; Nietzsche la fustigó acremente, invocando contra ella el mejoramiento selectivo de la especie humana.

También pasaremos por alto la dilucidación de otro problema que, si debiera ser cuidadosa, requeriría, como la anterior, un volumen aparte. La piedad y la solidaridad con los enfermos, traducidas en ventajas reales que la sociedad les brinda en la lucha por la vida, expresan nuevas formas evolutivas del utilitarismo individual; la máxima galilea "haz a otros lo que quisieras fuera hecho contigo mismo" es altamente utilitaria; aunque atenúa la lucha por la vida, no está en contradicción con ella, pues representa la mejor forma de asociación para la lucha. Comprobaríase, una vez más, que el altruísmo, lejos de ser antagonista del individualismo, es su forma superior y más socializada; corresponde a formas asociativas de lucha por la vida, que, en definitiva, son las más ventajosas para los individuos.

En rigor podríamos ver que la simulación de enfermedades es paralela a la evolución de la lucha por la vida entre los hombres. A medida que esta lucha se atenúa, por el desarrollo de los sentimientos altruístas de piedad, la simulación de estados patológicos presenta mayor ventaja y tiende a generalizarse.

El estudio de la cuestión bajo esta nueva fase merece tentar a los que han acumulado datos clínicos y médico-legales sobre las enfermedades simuladas; hay una rica veta de observaciones psicológicas y sociales que no han sabido descubrir los autores, demasiado médicos, que han tratado esa materia. Diríase que el hábito ha restringido su campo visual al círculo estrecho de las preocupaciones clínicas.

Antes de terminar digamos dos palabras sobre otra cuestión, nacida también del sentimiento de piedad, cuyo protagonista suele ser el médico. Hay formas de rutina profesional que perjudican seriamente a la sociedad. Cuando el médico, llevado por su piedad, prolonga por días o minutos el dolor de un enfermo incurable, realiza una crueldad nociva; procede en armonía con sus sentimientos, propios del ambiente, recibidos por la herencia y disciplinados por la educación; pero en realidad cumple una misión inhumanitaria. La función social de la medicina debiera ser la defensa biológica de la especie humana, orientada con fines selectivos, tendiendo a la conservación de los caracteres superiores de la especie y a la extinción agradable de los incurables y los degenerados; se evitaría con ello el desperdicio de fuerzas requerido por el parasitismo social de los inferiores, alejando, a la vez, la posible transmisión hereditaria de caracteres inútiles o perjudiciales para la evolución de la especie. Pero este problema sólo puede señalarse, por ahora, en el orden teórico. Acaso los hombres del porvenir, educando sus sentimientos dentro de una moral que refleje los verdaderos intereses de la especie, puedan tender hacia una medicina superior, selectiva; el sereno cálculo desvanecería una falsa educación sentimental, que contribuye a la conservación de los degenerados con serios perjuicios para la especie[10].

II.—DIFUSIÓN DE ESTAS SIMULACIONES

Las simulaciones de estados patológicos ofrecen vasto campo de observación y de estudio. Así como es fácil encontrar en el mundo biológico los primeros ejemplos de simulación en general, también se encuentran los de enfermedades simuladas. El hecho se explica, puesto que entre las especies animales aparece el principio de asociación para la lucha, originando el sentimiento de solidaridad; por eso, en los animales que se asocian pueden encontrarse enfermedades simuladas.