I. Su utilidad en la lucha por la vida.—II. Difusión de estas simulaciones.—III. Objetivo uniforme de sus diversas formas médico legales.—IV. Principales aspectos clínicos: eludir el servicio militar, explotación de la beneficencia, simulación de la locura.—V. Enfermedades que pueden simularse.—VI. Simulación de la salud (enfermedades disimuladas).—VII. Conclusiones.
I.—SU UTILIDAD EN LA LUCHA POR LA VIDA
Siendo este ensayo una introducción al estudio particular de la simulación de la locura, justo será examinar con diligencia cierto grupo de simulaciones que conexiona el tema general con el asunto especial de la parte siguiente.
Slocker, autor de la mejor monografía sobre enfermedades simuladas, ve el asunto al través de su preocupación personal y descubre en las enfermedades simuladas los problemas de mayor importancia que se presentan a la consideración del médico. En verdad, no puede compartirse tal opinión; al médico le interesan más, sin duda, las enfermedades verdaderas.
Hacemos esa pueril salvedad para agregar que no es nuestro propósito abordar el tema siguiendo la vía trazada por los profesionales que han visto la cuestión médica, desconociendo la cuestión humana. No han sospechado que una amplia ley biosociológica encuadra esos fenómenos en un marco general, abarcando todos los fenómenos de simulación en la vida biológica y social. Se ha estudiado en las enfermedades simuladas el hecho clínico y médico-legal, ignorándose su aspecto psico-sociológico. Para lo primero basta ser médico; para lo segundo requiérense otros conocimientos científicos, ajenos al bagaje mental de los profesionales de la medicina.
Léese en todos los autores que Hipócrates, Galeno, Ambrosio Pareo, Silvaticus, Fidelis, Zacchia, Steurlín, y otros, hacen referencia especial a la simulación de enfermedades. Fodéré , Belloc, Marc, Dehauss, Robecourt, Setier, Gilbert, se ocuparon de ella en el siglo XIX. Respecto de simulaciones especiales en el ejército, escribieron Souville, Borié, Moricheau-Beaupré, Percy y Laurent, Coche, Fallot, Hennem, Hutchinson, Chegue, Marshall, Kirchkof, Isfordink, en la primera mitad del siglo; en los últimos cincuenta años la bibliografía es muy vasta. Permanece clásico el tratado de Boisseau, siendo realmente estimables los de Duponchel, Devergie, Derblich, Slocker y pocos más.
Estudiaremos el asunto de distinta manera; elevando el punto de observación ensancharemos nuestro horizonte.
En los capítulos precedentes hemos visto que el hombre, como todos los seres vivos, lucha por la vida; para ello posee medios de diversa índole, que se adaptan a las condiciones de la lucha; entre los medios fraudulentos la simulación es de los más generalizados y asume numerosas formas adaptadas al ambiente.
Los medios de lucha por la vida se transforman tendiendo a obtener la mejor adaptación con el menor esfuerzo, es decir, en el sentido de la menor resistencia.
En las sociedades humanas el principio de la lucha por la vida se atenúa progresivamente, desarrollándose otro principio, el de asociación, que tiende a modificar radicalmente las condiciones de la lucha misma; al antagonismo absoluto entre los individuos, al mors tua vita mea, se oponen numerosas y complicadas formas de solidaridad social.