"No es menos defensiva, en muchos casos, la misma oratoria, cuando como ese silencio fructífero, se emplea para ocultar pobrezas mentales vergonzantes. Ese orador verboso, pero estéril, de todos tan conocido, es el tipo del defensivo superior, mezcla curiosa de tintorero astigmate, por la abundancia de colores chillones que maneja; de pirotécnico, por el ruido inútil que produce; de cómico, por el gesto abusivo, la pose sugerente, el ademán de atleta y de augur confundidos fraternalmente, con que sugiere la sensación de plenitud, en el vacío. Nadie, como él, más feliz, cuando despliega sus abundantes trapos de serpentina, dominando la atención de la simplicidad de espíritu, con aquella verbosidad venturosa que pone láminas a su inútil facundia. Es el espíritu más consumado de prestidigitación psicológica, el mentiroso emotivo por excelencia. Su charla no es jamás vehículo de ideas, o si a las veces existe alguna, lo que parece bien raro, es sólo en un estado tal de dilución, que no sería posible pescarla en aquel mar de papelillos multicolores. Algunos, más alados que otros, suelen en ocasiones suspenderse un poco más arriba de la tierra, porque con la maravillosa inflexión de la voz y algunas otras raras cualidades puramente externas, o encantan el oído o sorprenden la sensibilidad tocándola con mansedumbre. Por ese medio acaban por dominar el corrillo, desterrar el aburrimiento de la expectativa y conquistar el prestigio de la atención en los cerebros dóciles al engaño. Su habilidad protectiva, está principalmente en detenerse cuando ya asoma dentro de su incoercible verborragia la vaga silueta de aquel delicioso macaneador, cuyo espíritu, tan ingenuamente expansivo, vela siempre experto dentro del alma del orador. Hay que reconocer, con todo, que tiene la facultad de hacerse oir siempre en los más graves problemas, por la audacia en el abordaje, la felicidad envidiable en la cita y aquella rara habilidad con que pone al servicio de todas las inteligencias la chispeante vulgarización de las arduas cuestiones".
"Deben tener, y la tienen sin duda, una función prevista todos estos defensivos inferiores que en ocasiones flotan tan arriba, subsisten y se mantienen por raras virtudes de organización animal hasta por encima del talento excelso y de los verdaderos méritos. En tan complicada dinámica, ¿no habrá alguna ley de equilibrio que reclame su menudo concurso como en las trascendentales de la vida la tiene el gusano y el molusco, que transforman la naturaleza de los terrenos y alteran el curso de los ríos por simple acumulación? Ya que no pueden sacar de sí mismos la fuerza que necesitan, se injertan otra alma, suerte de autoplastia moral que les permite usar una postiza y hacer alarde de la abundancia falaz que transitoriamente los redime de su inferioridad...".
La tesis de este libro es paradojal; es necesario poseer talento verdadero para efectuar con éxito semejante simulación del talento.—Los Simuladores del talento, Buenos Aires, 1904. (Nota de la 3.ª ed.).
[8] Como complemento lógico de su paradojal estudio sobre los simuladores del talento, examina Ramos Mejía a los disimuladores del talento; esta disimulación es un hecho posible, aunque no frecuente.
"Así como hay quien simule el talento para vivir y triunfar en la lucha por la vida, así hay también quien, con el mismo fin, lo disimula; de manera que, frente al grupo numeroso de los simuladores está el de los disimuladores.
"La disimulación es una función tan defensiva como la otra que le hace pendant. Difieren ambas en que aquélla tiene un carácter de mayor pasividad y es menos dramática en sus procedimientos. Y, sin embargo, es más fácil disimular que simular, porque el disimulo, que no tiene el poder sugerente de la mímica y del ruido, se presta más fácilmente al análisis y al examen de la curiosidad que a menudo fracasa frente a la deslumbrante movilidad de ésta. La impenetrable quietud del disimulador ofrece un procedimiento menos rico de recursos y de engaños que la inquieta variabilidad del simulador.
"El reducido despliegue de sus aptitudes defensivas, se limita generalmente a achicarse, a reducir la superficie de agresión para ofrecer menos flancos al ataque y pasar más fácilmente desapercibido. Posee un dominio genial sobre las funciones de relación, la fisonomía y la emotividad, de manera que ningún agente de perturbación sensitiva pueda tomar de sorpresa a la más inquieta fibra muscular o al más humilde de los cilindros nerviosos que conduce impresión o movimiento. La oclusión completa de todos los canales de exteriorización, para que todas las funciones circulatorias de la sensación se hagan debajo de la superficie tegumentaria, constituye algunas de las tantas ruedas del aparato destinado a imitar la muerte y el silencio, la indiferencia y la insensibilidad más completa, a los fines de ocultación provechosa" Loc. cit.—(Nota de la 3.ª edición).
[9] Dos psiquiatras italianos, Penta y Del Greco, partiendo de la observación de los simuladores patológicos, y especialmente de los simuladores de la locura, se inclinan a ver en la simulación un carácter psicológico inferior, un estigma degenerativo. Todo lo expuesto en el presente volumen demuestra que es una de tantas formas de adaptación a las condiciones de la lucha por la vida, una manifestación de la astucia y del fraude, más evolucionada que la brutalidad y la violencia, como instrumento de lucha y de adaptación.—(Nota de la 3.ª edición).