"La imitación y la simulación representan, pues, en la sociedad, la forma usual de la adaptación; y a este último concepto se reduce, como hemos visto, la idea darwiniana de la lucha por la vida". (Archivos de Psiquiatría y Criminología, Buenos Aires, Septiembre, 1903.)—(Nota de la 3.ª edición).

[5] "La organización del carácter, su desarrollo y su fijación, producen ciertas formas psicológicas completamente análogas a los fenómenos del mimetismo estudiados por los naturalistas. El carácter asume, en ellas, apariencias engañadoras que disimulan su verdadera naturaleza, y la confusión así determinada tórnase, en principio, en beneficio del individuo o de la sociedad, no de ambos. El hombre suele tener interés en disimular su carácter. Simula entonces voluntaria y conscientemente, o por el contrario, instintivamente, cualidades o defectos que en realidad no posee o posee débilmente.

"Algunas de estas simulaciones se observan corrientemente. Las más voluntarias, y por eso mismo accidentales, no constituyen un sistema constante. Sábese, de ha tiempo, que a los perezosos gusta asumir actitudes provocativas, para ocultar su escasa bravura y evitar que los demás procuren comprobarla. Esto es ya semi-voluntario y semi-instintivo, pudiendo manifestarse continuamente o producirse por casualidad...".

"La simulación preséntase bajo dos formas principales, simétricamente opuestas. En la primera, mediante una fuerte inhibición, compénsase una tendencia exuberante que podría ser peligrosa, dejando ver solamente los rasgos opuestos a la tendencia que se desea ocultar. En la segunda, en cambio, simúlase activamente una tendencia que en realidad no existe. Hay, principalmente, disimulación en la primera forma, y simulación en la segunda; en esto no hay nada absoluto. La disimulación simula la cualidad opuesta a la que se oculta y la simulación disimula la cualidad opuesta a aquélla cuyos síntomas se ponen en evidencia". F. Paulhan, "La simulation dans le caractère", en Revue Philosophique, Diciembre 1902 y Mayo 1903. (Nota de la 3.ª ed.).

[6] Merecen especial mención dos artículos de Paulhan, aparecidos en la "Revue Philosophique". En el primero estudia la disimulación de los sentimientos afectivos (el falso impasible), en el segundo la simulación de los mismos (el falso sensible); en ambos casos el simulador procede movido por un propósito netamente utilitario, procurando adaptarse al sentimiento social del medio en que vive. Ambos estudios son de una concepción y una claridad casi perfectas.—(Nota de la 3.ª edición).

[7] Ramos Mejía ha estudiado particularmente Los Simuladores del talento, en un interesante libro de proyecciones políticas.

"Estos hombres mediocres e inútiles que son la expresión humana de aquella animalidad defensiva, tienen en su espíritu, como los paralíticos y los mudos en su cerebro, suplencias de extraordinaria aplicación, el don de espera del batracio oportunista, las transmutaciones de la forma, el uso del color, las actitudes, las complicadas comedias de todo lo que hiere el sentido alerta de sus enemigos. Todo ello no les sirve para agredir, sin embargo, porque la iniciativa es propiedad del talento como la fecundidad de la vida; pero se defienden con armas cuyo uso y mecanismo ignora aquél, porque es inocente y sin malicia frecuentemente...".

"Ciertas aptitudes dispersas que por una educación progresiva han llegado a un desarrollo considerable, establecen por el uso la corrección falaz de un funcionamiento complicado, alcanzando a constituir verdaderos aparatos mentales, que invitados al movimiento por cualquier remoto peligro, entran en acción con la regularidad de un mecanismo registrador. Tales aparatos están generalmente constituidos por grandes o pequeñas disposiciones para la simulación: aptitudes y actitudes, ambas combinadas, porque en el fondo no hay otra cosa que histrionismo desvergonzado".

"Tienen en el espíritu todos los elementos de la ilusión y un dispositivo teatral por medio del cual, combinando simples manchas, dan en el lienzo la sensación completa de cosas que a la distancia resultan acabadas; con la escoba sugieren la sensación de un hombre, con un diario una bandera, con el bastón un cetro y si el público tiene cierta disposición, que las precauciones y el interés de otros han suscitado, resultan: estigma de la gloria las erupciones, cicatrices los traumatismos y rastro de la vigilia estudiosa las ojeras libertinas de la mala noche...".

"En la esgrima de estas aptitudes de protección, el defensivo suele tener golpes de éxito que le equiparan al genio; porque llegar a la cumbre sin talento, ilustración, virtudes domésticas elementales, siquiera, es, sin duda, poseer un género singular de superioridad. ¿No lo tiene, acaso, el que por medio del silencio recamado con la falsa pedrería de los gestos, de los monosílabos y exclamaciones, mantiene por largo tiempo la sensación de su misteriosa existencia? Hay un arte, casi estoy por decir que es una ciencia, que enseña a vislumbrar los provechos del silencio y revela el secreto de sus usos, educando la perseverancia y el dominio tan útil sobre la fisonomía y los nervios. Poseerlo es una de las características más humanas de la protección. ¡Cuántas cosas no teje detrás de él la imaginación popular! Pero ¡ay! de él, el día en que el defensivo, a fuerza de tironeársela, pierde en un instante de desequilibrio la preciosa virginidad de la lengua, entregándose a un verdadero libertinaje verbal que le arranca violentamente de aquel olimpo prestigioso de la sombra...".