¿Quién hubiera resistido á España, unida en la fe, llena de gloriosas tradiciones y ejemplos heróicos, con extensos dominios y fortalecida con todos los adelantos modernos en su marina y en sus ejércitos?
Si á la unión de los espíritus que teníamos, se hubiera agregado la fuerza material, siempre necesaria para la defensa de grandes territorios, del derecho y de la justicia, es seguro que España sería al presente una de las primeras potencias del Universo.
Mas en una hora fatal, empezaron á removerse los cimientos de la nacionalidad española, y desde entonces, los gobernantes, malos católicos y pésimos políticos, no han cesado en su obra demoledora, importando todos los errores y novedades de otros pueblos, que han venido á precipitar nuestra decadencia.
Y para mayor desgracia, no se ha levantado un hombre superior que desterrara esa política exótica, y devolviera á la Corona sus prerrogativas, y al pueblo sus libertades, fueros y franquicias verdaderas.
Comprendemos las inmensas dificultades que existen y que se han de presentar para la regeneración de España; pero también sabemos lo que puede hacer un hombre extraordinario en un pueblo donde el mal y la corrupción están sólo en una clase, y no se han extendido á las otras, sino parcialmente.
Acábese primero con los políticos de oficio, ahóguese después el espíritu de la revolución en sus instituciones, renazca la libertad verdadera y foméntense los intereses generales, y entonces el Jorge Monk español, podrá dar principio á la restauración nacional.
VI
Voz de queja...—La Europa salvaje.—El orígen de la revolución.—Aumento de los ejércitos.—El anarquismo.—Los ciegos en Roma, guiando á los ciegos.—Nuestro abandono.—El poder que nos resta.