VII

Voz de justicia...—Causas principales.—Su naturaleza y sus combates.—Luchas nuevas y problemas antiguos.—El progreso y la civilización desnudos.—Los sentimientos humanitarios desenmascarados.—La justicia salvadora.

EGÚN las ideas en que se inspiran, las aspiraciones que tienen, los hechos que realizan, y por ende, los méritos que contraen, reciben las sociedades, daños ó beneficios, según el orden de la justicia que reina sobre todos los seres morales.

Como las naciones no tienen más que la vida presente, en ésta son premiadas con bienes temporales, ó castigadas, ya cayendo ante la injusticia de los hombres, ya siendo azotadas por la justicia divina, como ha sucedido á nuestra patria, por haberse apartado de los senderos del bien.

En todo el mundo no existen más que dos causas principales, la causa de Dios y la causa de los hombres: la primera está representada y defendida por la Iglesia y por los fieles que le están sumisos, la segunda no tiene institución propia y la representan los hombres libres con las asociaciones que forman y la propagan con las fuerzas de su ingenio y de su efímero poder.

La primera es inmortal, y transitoria la segunda: pero si la causa de Dios no puede faltar en el mundo, se debe tener presente que no se halla vinculada á una ú otra región, á esta ó aquella raza, es la causa de todo el género humano y puede acabarse en unos pueblos y propagarse en otros.

Hasta el presente, por ejemplo, la causa de Dios ha tenido su vida y su representación propia en nuestras colonias: de aquí en adelante podrá vivir en ellas la Iglesia católica, pero no como vive la madre entre sus hijos.

¿Por qué se ha obrado este cambio, sino porque allí ha triunfado la causa de los hombres?