¿En el siglo XX, será el mundo católico ó presa del anarquismo?
En lo humano, todo lo que haya de suceder parece que está sujeto á la potencia de los acorazados y al poder de los cañones y de los fusiles de tiro rápido: pero éstos se pueden caer de las manos de los mercenarios, los otros derrumbar las murallas de la iniquidad, y aquéllos hundirse en los mares; y sobre las ruínas del poder de los hombres, irá adelante la nave de la Iglesia conduciendo todo lo que se salve de la catástrofe de la iniquidad.
Un día se oyó en el mundo una palabra que no había salido de las academias de Grecia, ni de los liceos de Roma, ni de las Sinagogas de los judíos, ni era el oráculo de los templos paganos, ni la voz de la ciencia antigua; y esa palabra que oyeron los habitantes de Jerusalem, los del Ponto y la Galacia, los de Siria y la Bitinia, los que habitaban la Mesopotamia, los persas, griegos y latinos, hizo que todos los hombres se reconocieran como hermanos, porque era la palabra de Dios: y después de diez y nueve siglos, aquellos que se tienen por humanitarios y civilizados, destruyen en lo posible los efectos de esa palabra divina y renuevan las guerras de razas y la lucha de los fuertes contra los débiles.
En los pueblos antiguos, muchos de los problemas modernos estaban resueltos por la ignorancia, la esclavitud y la tiranía: pero las sociedades cristianas no pueden soportar por mucho tiempo el dominio de la fuerza, ni vivir como esclavas, ni tolerar los absurdos de la impiedad: por esta causa, en unas latente, en otras manifiesta, existe en todas las naciones esa lucha de la verdad contra el error, de la justicia contra la iniquidad, del derecho contra la fuerza, ya proceda ésta de los reyes, ó de los pueblos por medio de los presidentes de las Repúblicas.
Si los principios y las doctrinas de la civilización moderna fueran verdaderos, buenos y conformes á la naturaleza y al fin de las sociedades, es indudable que serían mejores y más perfectas aquellas en las cuales, su aplicación é imperio no tuvieran límites, ni hallaran obstáculo alguno: y si son falsos, perjudiciales y opuestos al bien general, es evidente que llevarán mayor ó menor perturbación y daños á las sociedades en que sean admitidos y practicados con más ó menos extensión y sentido lógico.
No cabe duda de que la corrupción de las costumbres, la iniquidad triunfante, la fuerza en lugar del derecho, la indiferencia religiosa en unos hombres, la impiedad sistemática en otros, la oposición de los gobiernos á la autoridad de la Iglesia, la audacia de los herejes y de los sectarios, fomentada por la licencia más absurda, las intrigas de la masonería y todas las pasiones sin freno, son frutos propios de esos principios deletéreos y de esas falsas doctrinas, que han penetrado en el espíritu y en la vida de los pueblos separados de Dios.
Los Estados-Unidos ofrecen un ejemplo notable.
Constituídos conforme á las doctrinas de la independencia y de la indiferencia religiosa, de la secularización social y de la libertad en todas sus manifestaciones, habían de verse allí los efectos naturales del sistema.
Allí se han realizado los sueños de la democracia, los deseos de los republicanos, las aspiraciones de los hombres que no quieren religión del Estado, ni mandamientos divinos en la vida pública: allí el pensamiento es libre y la prensa libérrima y los ciudadanos no tienen más restricciones en sus actos públicos que la de sus faltas y la vara del polizonte; allí el pueblo manda, la masonería impera y gobierna la opinión pública; allí el último aventurero que llega, puede después de algunos años, presidir á setenta y cinco millones de hombres; y halagando sus pasiones y favoreciendo sus intereses, arrastrarlos á las empresas más inícuas y descabelladas: allí, donde las riquezas son tan caudalosas como sus ríos, y son fabulosos sus inventos y sus ciudades soberbias como Babilonia, allí debían presentarse desnudos el progreso y la civilización y desenmascarados los sentimientos humanitarios y todas las mentiras del siglo presente; porque superior á todo lo ingenioso, útil y naturalmente bueno que tengan los Estados-Unidos, es la injusticia, el atropello y la barbarie que han cometido con España y están cometiendo con Filipinas.