Siendo Dios tan justo y bueno, no podía permitir sin altísimos fines los males que vemos y tocamos.

Entregado el mundo á las locuras de las invenciones humanas, necesitaba en este fin de siglo una lección ejemplar para que aprendiera, que ni los hombres, ni los pueblos, pueden ser justos sin la justicia divina.

Nuestra patria se iba apartando de ella, y los Estados-Unidos han querido ser algo más que el azote de Dios, y poseídos de loca ambición y de codicia insaciable, emprenden otra guerra de conquista al imponer su soberanía á las islas Filipinas, contra la voluntad de sus naturales.

Se ha dicho que nunca fueron buenas las segundas partes, y así resulta patente la iniquidad y la traición de los norteamericanos en esa guerra en que un pueblo libre quiere privar á otro de su independencia.

Emancipados de España por el triunfo de la insurrección que ellos favorecieron, tienen los filipinos derecho á su independencia natural; y toda conquista que se haga por los americanos es injusta y contraria al derecho de gentes: pero empeñándose los Estados-Unidos en proseguir su falta, la agravarán cometiendo el crímen de exterminar un pueblo para dominarlo, y las grandes naciones civilizadas que presencian ese horrible espectáculo y no lo impiden, se hacen cómplices de la injusticia y de la inhumanidad de los Estados-Unidos, que demuestran con los hechos cuán bárbaro es el progreso moderno y qué horrible es la civilización, que emplea sus fuerzas poderosas en el latrocinio y en el asesinato.

Si nuestra patria hubiera expiado todas sus faltas, ninguna ocasión como la presente para conocer que no puede hallar justicia en las naciones civilizadas con la civilización moderna; y que el hambre y sed de justicia que siente para reparar sus desastres y regenerar su vida, sólo sus hijos pueden satisfacerla, buscando esa justicia salvadora que eleva á los pueblos, librándolos de las miserias del pecado.

VIII

Voz de esperanza...—La gran crísis.—Palabras de moda. Todos conformes.—Programa de regeneración.—Los temores de Silvela.—El pueblo español, el gobierno y la Iglesia católica.