—Pero no le disgusta el tema...
—Hombre, yo no he dicho...
—Las cosas claras, don Alejandro...
—¡Canástoles! pues ¿qué más claras las he de poner?... Venga de eso, o de lo que mejor le cuadre... y a ver qué le parecen estas regalías para fumigar la conversación.
—La vitola es de primera.
—Pues a prender fuego a ese ejemplar... Ahí va la cerilla.
—Gracias, señor don Alejandro.
—Aguarde usted un poco. ¿No le sabría mejor el tabaco mojando la punta en ron, pongo por caso, o en coñac?
—Es posible, o en un chapurradito de los dos. No había dado yo en ello, ¡vea usted!
—¿Sabe usted si lo hay en casa?