Muchas cosas sentía Leto en tales ocasiones; y por ser tantas y no atreverse a citar una sola y de repente, por miedo a que resultara una tontería, respondió a Nieves, después de pensarlo un poco.

—Y usted que me hace esa pregunta, ¿qué es lo que siente, si se puede saber?

—¡Yo lo creo que se puede saber!—respondió Nieves, volviéndose hacia el pinar y continuando la interrumpida ascensión—. Mire usted: lo primero que yo siento es un poco de envidia a los pintores, a los poetas y a los músicos buenos; porque ¡me entran unos deseos tan fortísimos de pintar, de describir y hasta de poner en música lo que voy viendo y oyendo! Para eso quisiera ser el mejor pintor y el mejor poeta y el mejor músico del mundo. ¿Le parece a usted mucho lo que envidio?

Leto se echó a reír; y como halló muy disculpables los deseos de Nieves, así se lo declaró, añadiéndola que a él le pasaba dos cuartos de lo mismo.

Un poco más adelante volvió a hablar la sevillanita, para decir a Leto, también en crudo, pero sin detenerse:

—Es una compasión que no sea usted tan aficionado a pintar al óleo como a la aguada.

—Ya le he dicho a usted en otra ocasión—respondió Leto—, que eso consiste en mi falta de paciencia: todo tiempo, por corto que sea, desde que concibo algo hasta que lo ejecuto, me parece una eternidad. No me entretiene, como a otros, el proceso de la obra puramente mecánica: por eso prefiero el lápiz a la misma acuarela: aunque sin el realce del color, me da primero que ella la expresión del pensamiento o la imagen del natural.

—Es raro eso.

—Sí, señora; y por lo mismo la ruego a usted que lo tome como confesión de un pecado feo, y no como alarde de un modo de ver digno de imitarse... Ahora—añadió cambiando de tono y de rumbo—, para llegar primero donde vamos, echemos por este senderito de la derecha... También es un poco raro, ¿no es verdad? que en la propia hacienda de ustedes tenga yo que servirlos de guía... porque el señor don Alejandro no hace más que seguirnos los pasos... ¿ve usted?... y don Claudio Fuertes lo mismo... ¡Si lo tuvieran todo tan trillado con los pies como lo tengo yo!...

Otro ratito de andar en silencio, y otra pregunta en seco de Nieves: