¿Necesito añadir que la aspiración política de este mozo es ir tan lejos como puedan llevarle las corrientes de la idea nueva, ó los huracanes de la libertad de su altivo pensamiento?
Así es, en efecto; y conste que, según propia declaración, para colocarse en la senda que necesita su razón sin trabas ni cortapisas, ha comenzado por tomar en una logia masónica el nombre de Wamba, y por jurar, á obscuras, sacrificarse en cuerpo y alma á la voluntad de un superior á quien no conoce, sin que le sea lícito preguntar jamás el por qué ni el para qué de los esfuerzos que se le impongan.
En fin, lector ignorante, después de volcar este ollón de potaje religioso-filosófico-político en plazas, casinos, tiendas y cafés, es cuando el sabio, para rematar la obra, encaja este ribete, pespunteado con aires de protección y tono campanudo:
—Esto se llama, señores, estar penetrado del ideal de la humanidad; esa ciencia sublime, mediante la cual, el hombre, artista de su vida, determinándose en todas las esferas de la actividad, se hace divino en, bajo, mediante Dios.
Mas, á pesar de la substancia de este luminoso dato, oigo al asombrado lector preguntarme:—Pero ¿adónde va ese mozo con semejante grillera entre los cascos?
¿Adónde va?—En Madrid, al Ateneo, si hemos de creerle.
En Santander, á lo que hemos visto, á difundir la luz; á tomar el aire... y, muy á menudo, á la ruleta.
Mañana... (si antes no se cura) al Limbo, que es la mansión adonde van á parar los que en vida tuvieron la enfermedad debajo del pelo.