—¿Y si no se lo mandan á ustedes?
—Nos estamos, como ahora, paseando por el arenal.
—¿Aunque yo me esté ahogando?
—Si le viéramos á usted, y hubiera tiempo...
—¿Es decir, que puede no haberle?
—¡Yo lo creo!
—¡Canastos! Pues ¿cómo hay ahora otros bañeros con aquellas mujeres?
—Porque los han pedido y pagado.
—¡Ah! vamos. Pues yo también tomaré uno... ¿Tiene usted mucha fuerza?
—¿Para qué la necesita usted?