—Hombre, para un apuro de ésos de que íbamos hablando.
—¿Va usted á empezar hoy á bañarse?
—No, señor: mañana. Ahora vengo á tomar informes de esto, porque á mí no me hace gracia meterme en lo que no conozco... Por de pronto, me gustaría más la playa si fuera llana, siquiera media legua adentro.
—¡Tendría que ver!
—Dicen que algunas son así.
—Valientes playas serán ésas.
—¿Quiere decir que ésta es mejor?
—Como ésta no la hay, hombre.
—Y el agua, ¿también es buena?
—De lo mejor que se conoce.