—Cabal... Como que hablaba de usted.
—¡Ah, mala lengua!
Dijo, y dándole al propio tiempo un golpecito en el hombro, como si aún tuviera que agradecerle mucho, alejóse el señor duque y se quedó Galindo tan fresco.
No desconoce uno solo de los secretos íntimos de la política. Él os dirá, con pruebas, cuando menos verosímiles, por qué se sustituyó tal ministro con cual otro; á qué móvil obedeció la evolución de aquel periódico, ó la cesantía de cierto personaje, ó el encumbramiento de esotra vulgaridad, ó por qué no puede salir de apuros el Tesoro... Y sus causas jamás son las causas que conoce ó que sospecha el vulgo: siempre son particularísimas, personales y microscópicas, con relación á sus efectos.
De cómicos y toreros, no se diga: á todos los trata y los tutea, y habla con ellos de la escena ó del redondel con el aplomo y la autoridad de Romea ó de Costillares.
En lo físico, es sano y duro como un diamante: jamás se constipa ni se queja del estómago, y eso que no se abriga más que lo de costumbre, y come tanto como habla, si la ocasión se le presenta.
Y digo esto de la ocasión, porque aun cuando ordinariamente es sobrio y metódico, come cuanto le pongan por delante, aunque haya comido ya, si á comer se le convida, ó si se acepta el convite que él proponga, pues hace á todo.
Como no viene á bañarse, sino á veranear, y tampoco le es muy simpático el ceremonial del Sardinero, vive en la ciudad en una fonda, ó en una de las mejores casas de huéspedes; lo cual no obsta para que dé cuenta, si se le pide, de cuantas personas habitan en aquellos hoteles, con sus correspondientes vidas y milagros.
En agosto hace una escapadita á ver las corridas de Bilbao, y en septiembre arregla su marcha definitiva en combinación con las ferias de Valladolid y la apertura de los teatros de la corte, donde, por lo visto, se pasa gran parte del invierno, no sé cómo ni con quién.
Qué familia y qué patria son las suyas, se ignora siempre; y se ignora, porque jamás se le ha preguntado por ellas; y no se le ha preguntado, porque se prefiere ignorarlo; y se prefiere esto, porque desde el instante en que estos hombres tienen patria y familia, y nombre como otro cualquier nieto de Adán, ya no son Galindos, ni Manzanos, ni Arenales á secas, y pierden su peculiar carácter de universalidad, en lo que estriba la mayor parte de su mérito.