—¡Vaya un tipo!—dije á mi amigo, llevándome las manos á los riñones, que me dolían de correr tras él.

—Le conocí en Madrid el año pasado—me replicó mi amigo,—y puedo asegurarte, por lo que deduje de sus hechos y lo que de él me contaron los que le conocían mejor que yo, que es hombre que vale mucho. Tiene gran experiencia del mundo, y un ojo sutilísimo para conocer y apreciar las gentes. Es bueno y generoso, hasta el punto de que sería capaz de arrojarse al fuego por sacar de él á su mayor enemigo.

Posteriormente tuve ocasión de ver que no eran exagerados estos informes de mi amigo.

El barón de la Rescoldera, con todos los desabrimientos y resquemores, externos, de su título, es realmente un hombre de positivo valer.

De él puede decirse, como en resumen, que, al revés de tanto farsante y de tanto bribón como vive y medra, á expensas de la pública credulidad, es un hombre que no tiene palabra buena ni obra mala.

NOTAS:

[1] No existe ya, como tampoco la cambera que se cita más adelante, la cual ha sido convertida en cómoda y espaciosa carretera.—(Nota de 1888.)

EL MARQUÉS DE LA MANSEDUMBRE