V
Poco tiempo después pasaba en el cuarto segundo una escena que merece referirse para mayor claridad de este asunto.
El marqués había llegado sin ver al vizconde, y la marquesa con el pleito perdido. Estaba, pues, la apreciable pareja dada á todos los demonios.
—¡Ya podía yo estar esperándole hasta el día del juicio!—exclamaba el pobre hombre dando vueltas por la habitación.
—¿Conque tampoco ha ido á la prueba?—le preguntó la marquesa.
—¡En eso pensaba!
—¡Vaya una formalidad!
—¡Cuando te digo que es un zascandil!...
—¡Cuando te digo que tienes muy poco aguante!
—¡Otra te pego!...