—No podía guardársela cuando peleaba por ella.

—Más raro todavía, y absurdo.

—El absurdo está, Fernando, en escribir la palabra tolerancia en una bandera de combate, como se había escrito en la que yo elegí, no por el lema, sino por los soldados que peleaban debajo de ella. Tolerancia y lucha son dos ideas incompatibles. He aquí por qué no he sido yo tolerante hasta que he dejado de ser batallador; es decir, hasta que he cesado en mi empeño de imponer mis ideas de tolerancia á los demás.

—¿Y por qué invocaron ese lema los que alzaron la bandera antes que tú?

—Por contraposición á la intolerancia del enemigo.

—Siquiera, ese es franco.

—Ya se ve que sí.

—En substancia: tú nunca has tenido gran fe en los principios filosóficos que has proclamado.

—Hombre... puede que no.

—¡Me asombra la serenidad con que lo declaras!