—Que tu empresa es superior á las fuerzas humanas, y que no tengo noticia de que en estas regiones habiten hadas benéficas, como aquéllas que sacaban de apuros idénticos á los honradotes orientales de las Mil y una noches.
—¿Es decir, que me niegas tu auxilio?
—Te le daría, por ahora, en un consejo; en el único que aquí cuadra, si fueras capaz de recibirle en lo que vale. Te diría: reserva las fuerzas que has de malgastar luchando contra un imposible, para vencer con ellas esa pasión insensata. Éste es tu negocio... y también tu deber.
—¡Consejo digno de quien no ve en el corazón humano más que una víscera con determinadas funciones mecánicas!
Esto dijo Fernando levantándose desesperado y saliendo de la estancia. Y no tuvo la entrevista otro resultado, si no se cuenta como tal la puñalada que sintió en la consabida víscera el doctor con las últimas palabras de su hijo, cuyos dolores estaban quitándole á él la vida.
XVI
RAYAR EN EL AGUA