—Pero ¿me das cara?
—¡Toda la que tengo, eso sí!
Tasia se alejaba haciendo muecas á Macabeo.
—¿Y me abrirás la puerta? —gritóle éste.
—¡Esa es de mi padre! —respondió la moza.
Macabeo se hinchó como un odre, para desinflarse en seguida con este grito:
—¿Y echarás al otro cuando yo entre?
Tasia no se veía ya; pero se oyó su voz que cantaba esta copla:
Porque me rondan muchos,
dice mi madre: