—Con apuros, hija; y por salir de ellos me arriesgué.

—¡Cubicioso!

—¿Me las güelves ahora? ¡Al río ó á la puente, Tasia! En el burro me puse, ¡vengan ya los palos!

—Pero ¿qué quieres, bobo?

—El sí ó el no... clarito el juego.

—¡Pues no, que es turbio!... ¡Y me está viendo las cartas!

—Los ojos se engañan las más de las veces. ¡El sí ó el no con la boca, Tasia!

—¡Vaya que es ahogo! Déjame rumiarlo, que bien vale la pena; y harto llevas de presente, que no llevas el no que merecías.

—¡Por vida del caráspitis!... ¿Y así te marchas, Tasia?

—¡No que se juega!