—¿Lo son, acaso, el quejarme de tus desvíos y pedirte la reparación del daño que me has hecho?... ¿Te parece poco la hija del remendón para señora de un hombre como tú?... Entonces, ¿por qué la encontraste buena para manceba?
—Lo que á mí me parece, Solita, es que esas distinciones no cuadran aquí enteramente.
—Pero cuadran mucho, y has de oirme; que por altos que vayan tus humos, valía tanto la honra de la hija del zapatero, como la tuya, cuando se la robaste con engaños.
—Yo nunca te prometí...
—¡Ni siquiera tienes la delicadeza de disimular un poco!
—En eso, casi tienes razón.
—Y tú, en cambio, no la tienes en nada... ¡porque eres un egoísta sin entrañas!
—¡Zambomba! digo yo; y que te aguante la madre que ha de volver á parirte.
Imagínese aquí el pío lector un hombre que se cala el sombrero hasta las narices y sale echando centellas de la sala á la calle; y una mujer que, anegada en llanto, se desploma sobre una cama, y tendrá una idea completa del final del diálogo referido.
Pero no acaba aquí el lance, ni debe acabar; porque es muy lógico que Gedeón, después de considerar lo que hay de chusco en que la hija de un remendón miserable y borracho se crea con títulos bastantes para reclamar la mitad del lecho de un hombre á quien asusta el matrimonio, aun contraído con todas las ventajas imaginables, y lo que hay de prosáico y digno de las burlas de un fisiólogo como el de marras, en la escena en que acaba él de figurar con el papel de galán, y aun después de ocurrírsele tomar por motivo aquellas indignidades para cortar por lo sano y sacudirse de una vez las pulgas que le incomodan mucho tiempo há, considere asimismo que, en parte, no le falta razón á Solita para quejarse del destierro en que vive y él la ha puesto; lógico es también que, andando, andando, la compadezca; lógico, por ende, que disculpe sus declamaciones y sus quejas; y siendo lógico todo esto, y cierto que en la refriega fué Solita quien más tuvo que decir, y no menos evidente que Gedeón conserva siempre cierta inclinación á Solita, por más que le duela verse cogido por ella por tan arriba, lógico y natural es que Gedeón retroceda desde medio camino para hacer las paces con Solita, dándole las debidas satisfacciones.