—Yo quisiera pedirle á usted un favor... digo, si no molesto.

—¡Ya empezamos!—piensa Gedeón; y en voz alta añade:—¿Nada más que uno?

—Por ahora...

—Y ¿de qué se trata?

—Ya sabe usted que yo soy viuda hace siete años.

—Así me lo ha dicho usted.

—Porque es la verdad. Y es el caso que mi difunto me dejó un hijo.

—¿De él solo?

—De los dos, señor.

—Bien, ¿y qué?