—¡Falso!

—¡Gedeón!

—¡Te repito que yo no tengo líos!

—Pues cuéntaselo á tu augusto suegro que los publicaba. ¡Lástima que ya no viva!

—¿Y á ese entierro aludías antes?

—¡Ó á otro, canastos!

—¿Á cuál, víbora, á cuál?... ¡dilo!

—¡No me da la gana, soberbio!

—¡Yo haría que te diera, si tuviera los miembros sanos!

—¿Qué harías entonces?