—Pues eso decía yo... ¡Cuántos á la edad de usted tienen compromisos viejos!...

—Yo no tengo compromisos, Regla; yo soy libre como el humo, como el aire. Puedo hacer lo que me acomode de mi cuerpo y de mi caudal. ¿Lo entiendes?

—No lo dudo, señor.

—Es que á mí no me vengas con pullas, porque las tengo yo para tí y para todo el universo, ¡zambomba!... ¿Acabaste?

—Sí, señor.

—Pues al pecho ahora... Á bien que, para lo que adelanto con la untura... ¡Qué toser anoche! ¡En vilo me la pasé toda! Tú, en cambio, dormirías como una marmota.

—Como usted no me llamó...

—¡Bien hecho! ¡ahógate ahí, consúmete y púdrete solo, vejancón miserable! ¡Consuélate si quieres con el acompañamiento que hace á tus quejidos el asma del ratonero!...

—Á esa bestia la voy á tirar yo por la ventana...

—Pues en seguida vas tú tras ella.