—Yo lo creo... Puede usted gloriarse de pertenecer á una familia de las más ilustres, dilatadas, y, al mismo tiempo, unidas; quiero decir, sin mezclas extrañas. Tan unida, que las tres ramas tienen el mismo escudo en la ejecutoria.
—¡También eso! ¡Conque tenemos ejecutoria y armas!
—¡Yo lo creo!... ¡y bien bonitas! ¿No las conoce usted?
—No por cierto; y ahora me pesa.
—Pues yo le diré á usted: representan dos gazapos, uno grande y otro chico, en campo de legumbres tiernas; y á lo lejos la gazapera con un farol á la entrada, y un letrero, por luz, que dice: «Os alumbro el camino;» como si dijéramos, «no acelerarse, y firmes con ello, que yo os muestro la retirada, si viene el amo.»
—Es curioso el lema...
—Así explican el escudo los que lo entienden. La verdad es que la nuestra fué siempre familia muy aprovechada.
—Ya se conoce.
—Y atento á ello, yo no sé qué rey de la antigüedad le dió esas armas, por no sé qué préstamo que le hizo.
—No era rana Su Majestad, á juzgar por la muestra.