Detúvose Regla un instante, sorprendida por el suceso; y como si conociera la mano inclemente que tal había hecho, no pudo menos de murmurar entre dientes, contemplando los restos del ratonero:
—Entre algodón cardado te metieron los propios por la puerta, y ahora te arrojan los extraños en cueros por la ventana... No te duela el mal pago, que no es mucho mejor el que á mí me dan, siendo mayores mis servicios.
Solita no volvió á dejar la casa, de que ya era dueña; y tan pronto como salió de ella el cadáver de Gedeón, echóse con avidez á registrar alacenas y cajones, en tanto sus hijos, atracados ya de cuanto rapiñaron en los estantes de la despensa, metían la cabeza en los armarios, hojeaban los libros que tenían láminas, y olían y manoseaban todos los cachivaches de la casa.
El resto se adivina.
De Anás y Caifás, tengo pocas noticias.
Sé que el primero, después de estar medio desplumado por la familia de la carabinera, se casó con ésta tan pronto como falleció el sargento licenciado, y que, poco más allá, desplumado por entero, no hallaba en casa quien quisiera darle de comer.
Sé que Caifás tuvo que publicar su casamiento para ver si conseguía domar á su mujer, quitando el motivo á sus amenazas; sé que no logró su objeto, pues los parientes que, oculto el casamiento, se limitaban á sentarse á la mesa uno á uno, después de publicado acudían por docenas á casa de Caifás para comerle el pan y hacerle la tertulia por la noche; y aun me consta que, por complacer en ello á su mujer, muchas veces alumbraba hasta la puerta de la calle á los que entraban y salían.
Sé, por último, que llegadas las cosas á estos extremos, Anás y Caifás volvieron á encontrarse tope á tope en una acera; y que, sobre si pasas tú por la derecha ó paso yo, se dieron otra mano de leña como la de marras, hasta que los separó la gente y los rechiflaron los granujas.
Y no sé más, lector. Por tanto, aquí lo dejo si me das licencia; pues en Dios y en mi ánima te juro que, al llegar á este punto con la historia, me duele ya la mano, de escribirla de corrido y sin vacantes.
Polanco, Septiembre de 1877.