V

NO ES CASA DE HUÉSPEDES

El consejo de su amigo prevalece, al cabo, en el ánimo de Gedeón. Doloroso es para éste abandonar aquella casa en la que nació y ha vivido siempre; pero no hay otro remedio que cortar por lo sano.

Levanta la casa, ó la cierra, temiendo un arrepentimiento el día menos pensado; pero el hecho es que se pone á pupilo; lo cual le ha dado bastante que hacer, porque el gremio tiene mucho que explorar si se ha de elegir lo menos malo.

En sus pesquisiciones para hallar un albergue, como el otro una posición social, ha recorrido medio pueblo y ha oído con paciencia el completo catálogo de las humanas vicisitudes, de boca de las innumerables pupileras que le han solicitado para huésped. Ninguna de ellas ejercía la industria por ascenso: todas habían bajado hasta ella desde los puestos más encumbrados en armas, en nobleza y en dinero: siendo de notar que cuantos más humos revelaba una señora de esta clase, menos fuego calentaba su cocina.

Al fin se establece en la casa que más se aproxima á sus deseos.

Su dueña, doña Ambrosia de nombre, se conforma con blasonar de rígida en los más severos principios de moral, y de haber dado golpe, en los albores de su juventud, en calles y paseos. Dos veces viuda, no se ha puesto en peligro de serlo la tercera, porque no ha querido, no por falta de pretendientes, pues á pares los ha tenido que aspiraban al honor de sacarla de pupilera, y á la dicha de poseer los conservados restos de sus juveniles encantos.