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LO QUE NO HABÍA PREVISTO GEDEÓN

Pero lo verosímil es que, á pesar de sus propósitos, si los tiene todavía, no se resuelva á salir de sus merodeos de escalera abajo; porque lo que entra con el capillo, sale con la mortaja.

Á la edad en que Gedeón ha pensado en elevar su vuelo hasta las águilas rapaces, ya pesa mucho el cuerpo; y si, aunque con trabajos, se sube, faltan los ojos para resistir el sol mirándole cara á cara. La tierra llama á lo suyo; y aunque sueñe ser águila, se queda el atrevido tan milano como sus hábitos le han hecho ó su madre le parió.

Lo innegable, por de pronto, es que una noche se retira á su albergue triste y dolorido; que la cama, aunque fementida, le llama á sí, y que él se arroja en ella sediento y quebrantado.

Como el sueño no acude á sus párpados, entretiénese en apreciar la cantidad y la calidad de la dolencia que le postra; pero cuanto más se examina, menos comprende si sus dolores proceden del cuerpo ó del espíritu.

Le asaltan serios temores de que la enfermedad pueda complicarse, y se estremece al pensar en la asistencia que le aguarda.

Entonces cae en la cuenta de que jamás ha entrado en sus previsiones un contratiempo semejante.