—No crea usted que es la segunda menos importante que la primera, si el efecto del remedio ha de corresponder al carácter de la enfermedad.

—Conformes; pero es el caso que al pedirle á usted algo para este momento, no me acordaba del espíritu, sino del cuerpo.

—Su cuerpo de usted, que ya no tiene dolores, no necesita más que salir de este agujero cuanto antes, y tener en la convalecencia mejor compañía que la que tuvo durante la enfermedad. De lo primero cuidará usted; de lo segundo me encargo yo.

—Es usted la bondad misma, Doctor.

—Cumplo con un deber sagrado, amigo mío. Y pues nada me queda que hacer á su lado en esta primera visita, deme usted su permiso para despedirme hasta la segunda... si usted la desea.

—Pensaba rogarle á usted que no la retardara muchas horas. ¡Estoy tan solo!

—Entonces, hasta la vista.

—Hasta luego, Doctor.

Pero al decir esto Gedeón, deja leer en su cara algo como apremiante deseo.

El Doctor lo conoce, sonríe y pregunta: