—¿Por lo que le distraigo, ó por lo que le ilumino á usted?
—Por ambas cosas.
—Permítame usted que le diga que no habla mucho en pro de la segunda el laconismo de sus réplicas.
—Cortedad de alcances, Doctor.
—Ó impenitencia obcecada, señor modesto... De todas maneras, no olvide usted, para perdonarme, que cuanto le he dicho ha sido como médico en combate con su enfermedad, para lo cual me ha llamado usted á la cabecera de su cama. La misma salvedad hago para cuanto pueda decirle en adelante.
—Y á propósito, ¿qué me dispone usted?
—Ya he dispuesto lo esencial.
—Digo para el momento.
—Para el momento, es decir, para cuando pueda usted salir á la calle, y con el fin de estimular un poco esos impulsos, pensaba disponerle á usted, y le dispongo, la misma casa que abandonó por dar demasiada importancia á las cosas de la señora Braulia. No tome usted criada joven y guapa.
—Procuraré, precavido Doctor, cumplir la prescripción en todas sus partes.