—Con que ¿qué te parece mi proposición?—dijo al mozo.

—Que tiene mucho que estudiar... y que se estudiará, padrino,—respondió Pablo con singular firmeza.

—Así me gustas, ahijado; y de tal modo, que si te decides por la afirmativa, me brindo á ser tu padrino de boda... Entre tanto, basta, si os parece, de conversación, y vamos á tomar ese chocolate que me ofrecen en tu casa. Créeme que tengo grandísimos deseos de ver á tu madre y á tu hermana, pobres víctimas inocentes de nuestras majaderías.

Dispúsose Ana á complacer á su padre; y con tal apresuramiento y tan de buena gana, por lo visto, que al recoger los avíos de costura en su primorosa canastilla, por cada cosa que guardaba ¡ella á quien jamás igualaron prestidigitadores en destreza y agilidad! dejaba caer media docena. Mas allí estaba Pablo, que se desvivía con desusado afán por recogerlas en el aire y ponerlas en las blancas y finas, pero desatinadas, manos de la azorada joven.


X

LOS HUMOS DE NISCO