Sirva, pues, de muestra el siguiente párrafo tomado de un informe suyo acerca de unos terrenos comunales que trató de apropiarse, so pretexto de que había en ellos una charca, la cual se comprometía á cegar si se la cedían á este precio... con el terreno en que radicaba:

«Asimismo, el vecindario colindante á cuatro vientos acaece de continuo de terciana pestífera y otras insalaciones, porque, según dictamen facultativo, las aguas contingentes en un solo punto, arrojan de sí corrompiciones y putrimentos que insurreccionan toda robustez por opípara que sea. Y tocante á esta laguna, Excmo. Señor, es de las más eminentes y perseverantes; como que ocupa una extensión de diez carros de tierra, y no se ve seca de sus líquidos ni en la fogosidad del verano, por lo cual abundan en ella las ranas cuadrúpedas y los peces acuáticos de ambos sexos, quiero decir, de varias dimensiones».

De manera, lector, que no puede darse un pillo más redomado, que sea, al mismo tiempo, mayor pedazo de bruto.

IV

Ahora bien, señores gobiernos (y perdonen ustedes la franqueza): son ustedes muy escrupulosos en averiguar á cada instante cómo piensan en política este ayuntamiento y el de más allá; y si hay informes de que no son adictos sin condiciones á los hombres de la situación, se les sustituye ignominiosamente con otros que inspiren á ustedes mayor confianza. ¡Como si estos pobres baldragas supieran lo que son matices políticos, ni adhesiones, ni partidos! ¡Como si les interesara otra cosa que la lozanía de sus mieses y la seguridad de sus ahorros!

Si se tomaran ustedes el mismo afán por preguntar á sus delegados:—¿Qué tal por esos pueblos? ¿Se roba, se veja mucho á los pobres campesinos? ¿Queda todavía algún mal secretario sin grillete?

Y con esto, y con enviar á presidio á los ladrones oficiales que aún quedasen rezagados en los ayuntamientos... y también á los señorones que los encubren, amparan y protegen, los pueblos se irían en tropel detrás del inverosímil gobierno que tal hiciera, le defenderían hasta el heroísmo, y no despegarían sus labios sino para bendecirle.

Pues á fe que si los gobiernos no toman de buena gana mi consejo, no será por lo comprometido del trance, ni por lo costoso del procedimiento, terribles fantasmas que, en estos tiempos de la diplomacia, de los cabildeos, de las mutuas contemplaciones... y de los empréstitos ventajosos, son la obligada disculpa para dejar de hacer tantas cosas buenas como se van echando de menos en España.

1876.