¡Dichoso día aquél en que el cervantismo pase y vuelva á reinar el Quijote en la patria literatura sin enmiendas, reparos ni aditamentos, y su autor perínclito sin habilidades ni misterios! Venga, pues, la inmortal obra sin teologías, náutica ni jurisprudencia, y, sobre todo, sin claves ni itinerarios ni almanaques; venga, en fin, como la hemos conocido los que peinamos ya canas, cuando en ella aprendimos á leer, á pensar y á sentir; que así, al pie de la letra y hasta con las erratas y garrafales descuidos de los primeros impresores, ha sido admirada de todos los hombres y traducida á todas las lenguas, y servido de pedestal á la fama de Cervantes, que ya no cabe en el mundo.

1880.